Desde el día que salimos de Sarajevo la carretera ha ocupado casi todo nuestro tiempo. Las distancias no eran muy largas, pero los tiempos sí. La primera noche la hicimos en un camping de Montenegro., cerca de Budva. Llegamos totalmente de noche, una noche muy cerrada. La costa montenegrina tiene poca contaminación lumínica y se agradece a la hora de mirar al cielo, pero no beneficia mucho a la hora de conducir. Kotor, ciudad que no puedimos ver por la hora a la que pasamos, queda recomendada.

La mañana siguiente lo teníamos claro. “Esta tarde llegamos a Pristina tras visitar Prizren”, ambas ciudades en Kosovo. Ésto, que parecía tan claro puesto que eran menos de 300 kilómetros los que nos separaban de Pristina, resulto ser imposible. No habíamos contado con las 4 horas que tardamos en cruzar los ciento y pico kilómetross del “Everest” de Albania (si alguien de UCI ProTour ode UniPublic está leyendo esto, que vaya preparando la vuelta a Albania ya).

Zascandil en las montañas de albania

Cuando quisimos llegar a la frontera con Kosovo, con Serbia según Moratinos (cada cual que elija su versión),e ra casi de noche. Según nos decían , quedaban aún tres horas hasta Pristina. Tres horas viajando de noche, por supuesto. Pues tira. Algo más de dos horas después estabamos en la capital. Una lástima que ninguna banda de albanokosovares nos huberan parado por medio, porque llevábamos unas bolsitas de Marshmallows y unos globitos preparados para darles.

Monumento al nacimiento de Kosovo

Tras la visita mañanera a Pristina, ciudad con gentes muy amables, pero que no tiene mucho que ver en plasn turístico, nos dirigimos hacia Macedonia. Las señales son liosas por el camino. Con nuestro vehículo no sabíamos cual respetar, os dejamos muestra.

Señal de velocidad en Kosovo

Al rato llegamos a la frontera y salimos sin problemas. Parece ser que cuando te llegan sólo noticias malas de un lugar ,éste parece más peligroso. Que si KFOR, que si minas, que si tal. Esto es prácticamente todo lo que vimos de la famosa KFOR (que, entre otras cosas, están ahí para garantizar la seguridad de población).

He aquí la KFOR

En Macedonia lo cierto es que ver, vimos poco. Básicamente comimos. El tamaño de los platos es sorprendente. Aún así con lo que tardan entre plato y plato te vuelve a entrar el hambre. Otro factor que intervino es el caracter de la gente.

Dos frases:
- La camarera, que sólo entendía el alfabeto cirílico, al preguntarle cuál es mi plato cuando llegó con varios, nos suelta super apurada “I don´t know”.
- Antes de esto, al preguntarle por los platos locales, un chaval que hacía de traductor, nos dice “¿Por qué no pedís cosas normales como Pizza?”

Siguiendo indicaciones en cirílico, llegamos a Bulgaria con el Charli escapando de la policía, o eso parecía. Como no podía ser de otra forma, al cruzar Sofía, nos perdimos. Tras conseguir salir de allí, la autopista vuelve a nuestro viaje durante unos kilómetros. Esto nos libra de llegar a Plovdiv a tiempo para dormir, puesto que, sin darnos cuenta, nos acaban de quitar una hora. 460 km nos separan de Estambul.

Salud.