Las carreteras que hemos estado atravesando, especialmente en Eslovenia y Bosnia, están plagadas de locos de las dos ruedas, desafiando la climatología y el estado de algunas carreteras. Y no me extraña.

Carretera Sarajevo - Mostar

Las carreteras de Eslovenia parecen especialmente preparadas para la visita de los motoristas, con protecciones en los quitamiedos  y carteles de advertencia sobre el estado del pavimento. Las carreteras están casi a estrenar y transcurren por un paisaje verde lleno de árboles. Bien es cierto que pasamos la mayor parte del tiempo en autovías, porque en Eslovenia hay, pero daba muy buenas sensaciones y tiene pinta de ser una delicia para curvear. De hecho, se veían muchísimas motos circulando. Un paraíso rutero.

Curvitas

En cuanto a Bosnia, pues las infraestructuras son peores, pero el encanto del entorno lo suple y con diferencia. Lo peor quizá sea el tráfico, que es denso, abundan los camiones y los adelantamientos de los bosniacos son suicidas. Donde vimos más grupos de bikers fue en la carretera que une Sarajevo con Dubrovnik, dos destinos turísticos unidos por un paisaje constante de montañas y bosques, que se transforma a partir de Mostar en amplios lagos para terminar en la luminosa costa del Adriático.

Estas pequeñas eran de tres italianos en Turquía

Incluso ahora que ya estamos en Turquía seguimos viendo a locos de las dos ruedas. Acabamos de dejar atrás a unos franceses que se venían con sus CBF en un tour ¡de ida y vuelta!

Este mozo era kosovar y le cazamos en la frontera Montenegro-Albania

A ver quién se anima a traer la burra hasta aquí.