Desayunamos en el mismo restorán donde habíamos cenado, y muy bien, la noche anterior. Nos volvió atender el David Villa albanés, solícito y simpático camarero que, además sabía inglés.

Durante la copa que habíamos tomado en la terraza del hotel, habíamos conocido a Denis, otro albanés angloparlante, que nos explicó la mejor manera de salir de Albania hacia Grecia. Además, nos recomendó que tratásemos de pasar por Gjirokaster, un pueblo medieval de donde procedía el escritor Ismail Kadaré, así como otras importantes personalidades de Albania.

La razón, según él, es que los oriundos de este pueblo eran más listos porque descendían de los judíos expulsados de España por los Reyes Católicos. Además de Kadaré, otros periodistas y escritores procedían deGjirokaster. El mismo Dictador de Albania tenía casa allí. Y, aunque todavía no era famoso, Denis también era oriundo de Gjirokaster.

Tras el desayuno fuimos a una playa bastante cutre, nos remojamos y descansamos un par de horas. Luna se encontraba pachucha, había vomitado durante la noche y se lamentaba que, por una vez que teníamos playa, no se encontrara en condiciones de disfrutarla.

Recogimos las cosas en el hotel y nos marchamos a Gjirokaster a comer.

Un inciso: hemos comprobado la obviedad de la regla que dice que la simpatía de los habitantes de un país es directamente proporcional a su pobreza. Nos sucedió en Bosnia y nos sucede en Albania. Los albaneses son muy pobres y, salvo las excepciones mencionadas, no hablan inglés. Pero son encantadores y se desviven, a su extraña manera, por hacerse entender.

Gjirokaster es una villa antiquísima, de casas encaramadas a una montaña y, en la cima, un castillo con cañones. Comimos a precio irrisorio, compramos souvenirs albaneses y, ya por la tarde, nos dirigimos hacia Grecia. De camino, adelantamos a un Mercedes grande y nuevo que circulaba despacio pegado al arcén. Cuando miré quien conducía, descubrí al volante a un niño no mayor de doce años. El Mercedes sobrepasó sin problemas un control de policía e imaginamos que tal vez se tratara del hijo del Dictador.

Patricia se vino conmigo para que Luna se recuperara mejor en el Audi del equipo de la Organización. A trancas y barrancas, pasamos la frontera, y, ya de noche,  llegamos a nuestro destino donde nos encontramos con los chicos de Xtremotor y Oso y Muzzy de Quimivisa: el hotel Edelweiss en las faldas del colosal roquero de Meteora.