(Reporta: Jackal)

Bueno, ayer Mary Sings & the Jackal ambos escribieron su versión de la misma etapa. No porque hubiera divergencias, sino porque el Jackal no se dio cuenta de que esa etapa ya estaba escrita…
En fin, La máñana siguiente nos levantamos en el hotel Globus de Plodvid y desayunamos con el B, el M y el F, con los que ya llevábamos tres días viajando y con quienes lo habíamos pasado muy bien. Afrontábamos la última etapa y a mi me daba un poco de morriña el que se acabara el rally y quería parar en Edirne para visitar unas ruinas griegas. Pero viendo que Mary Sings no estaba muy por la labor de ver piedras, se me ocurrió la idea de sugerirele que nos pasáramos por el Mar Negro a darnos un bañito. Se lo propuse durante el desayuno y aceptó. Entonces nos despedimos temporalmente de nuestros colegas y salimos en dirección este hacia Burgas, Bulgaria.
El camino empezó por una buena autovía y se convirtió a los 100 km en una carretera secundaria, pero en buenas condiciones. Paramos un momento al lado del asfalto para comprar unas uvas y hacer unas fotos de los puestos de frutas.
Llegamos a Burgas a eso de las 14:30 y nos bañamos en la playa. No estuvo mal, pero el agua estaba caliente y no conseguimos refrescarnos.

Mientras zascandileábamos por ahí, vimos que estaban construyendo un escenario de grandes proporciones y Mary se acercó a uno de los guardias que vigilaban de que se trataba todo eso. Nos dijeron que ese finde se llevaba a cabo el Festival de Verano de Burgas, con la actuación estelar de Prodigy y otras conocidas bandas. Lástima que nos pillara en ruta.
El calor era insoportable y nos tomamos unas coca-colas antes de emprender el camino a Istanbul. Aquí, por cierto, tuve que desprenderme de mis queridas sandalias pues estaban más pa’llá que pa’cá…
La carretera hacia la frontera no era tan buena como las de esa mañana y tardamos casi dos horas en llegar al puesto fronterizo donde, como había poca gente, pudimos sacar el visado y los permisos del coche en tan solo 15 minutos. Ya en el lado turco la carretera volvía a mejorar y recorrimos los casi 280 km en menos de dos horas.
La vista de Istanbul desde las afueras es impresionante. Como toda gran ciudad, y estas, con sus más de 15 millones de habitantes lo es, la mancha urbana se extiende mucho mas allá de sus zona central. Grandes y numerosos edificios de viviendas y oficinas se intercalan con los minaretes de las incontables mezquitas.
Había más tráfico de salida que de entrada y preguntando sólo una vez llegamos al hotel Barceló Topkapi, donde la organización amablemente nos había invitado a una noche gratis.
Varios equipos ya habían llegado y tenían planes para salir a cenar. Mary Sings y un servidor no tardaron en arreglarse y bajar al lobby para, junto con Blon, coger un taxi al centro de la marcha del lado asiático: el Taxim.
Nuestra idea era cenar algo típico pero, en aras de la convivencia con otros grupos, sucumbimos a la propuesta de cenar en un restaurante tipo europeo, eso si, con muy buenas vistas de la ciudad.
La comida no estuvo mal, pero parece que nos equivocamos a la hora de pedir el vino y resulta que elegimos una botella bastante cara, cosa de la que nos enteramos al recibir la cuenta. Menudo sablazo, y no sería el último.
Dejamos atrás el disgusto financiero y seguimos a un par de chicas que nos llevaron a un par de garitos. La mitad del grupo, incluyéndonos a los pilotos que escriben este blog, no duró mucho y nos fuimos a la cama antes de las dos.