(Reporta: Jackal)

Con un par de horas de sueño, el Jackal se levantó a desayunar con Mary Sings, que cuerdamente se había ido a la cama más temprano. A las 10, nos vino a buscar el autocar con guía que nos llevaría de visita a las famosas Mezquitas de Istanbul y a otros lugares de interés. Sin embargo, el Jackal no se sintió a gusto con el guía y con algunas actitudes de ciertas personas y decidió hacer el tour por sus cuenta.
La Mezquita Azul es verdaderamente un tesoro de la arquitectura, aunque no le llega ni a los talones al Taj Mahal. Un enorme edificio con una idem bóveda que da espacio a miles de musulmanes para que hagan sus oraciones. Lo que mas me gusto fue la alfombra pues, dada la costumbre musulmana de no adornar mucho sus templos, sentí que le faltaba algo. Eso si, esta cubierta por dentro de bellos mosaicos del color que le da nombre. A poco del final de la visita, se presentaron unos guardis de seguridad que intentaron echar al Jackal del edificio ya que, según ellos, el presidente venía a hacer sus oraciones. El Jackal, no muy dado a respetar las jerarquías autoritarias, se negó a apurar el ritmo y les dijo que terminaría su visita cuando el decidiera. Uno de ellos se río y los demás se quedaron ahí vigilándome hasta que me marché.
Luego Santa Sofía me decepcionó un poco. La habíamos visto por fuera el día anterior y su tamaño si impresiona, pero tampoco está como para tirar cohetes. Es muy similar a la Mezquita Azul (a la que sirvió de modelo) pero más vieja. Por dentro no hay mucho, pero bueno, vale la pena visitarla si pasáis por ahí.

Imagino que otros, incluído Mary Sings tendrán opiniones diferentes, pero esta es la mía.

Luego visitamos las cisternas subterráneas que algunos conocen como la Mezquita Sumergida. Me gustó mas ya que nunca había visto algo así, una especie de pasajes entre columnas medio bajo el agua. Me recordó a una escena de Indiana Jones III situada en Venecia.
Ya no pasé por el Gran Bazaar porque ya lo habíamos visto y simplemente callejeé haciendo fotos hasta llegar al hotel.
A las 16:00 volvieron los demás y raoidamente hicimos nuestras cuentas con el hotel y nos preparamos para salir con destino a Burgas en el Mar Negro, escala en nuestro camino a Bucarest.

La salida de la ciudad fue muy pesada, con muchísimo tráfico y muchísimo calor. Nosotros andábamos cortos de gasolina y no encontramos ninguna estación en la autovía, por lo cual tuvimos que desviarnos a un pueblo a repostar. Después nos dirigimos con dirección Malko-Tumanovo, la frontera entre Turquía y Bulgaria.

Ya en la frontera nos encontramos con el equipo de La Prensa y con los Tragamillas, cruzamos el puesto fronterizo sin problemas y tiramos en dirección Burgas, donde Mary Sings & The Jackal ya habían estado tres días antes. Al llegar a este resort veraniego, nos detuvioms para decidir que hacer, seguir tirando o buscar un sitio para pernoctar.

El equipo de La Prensa decidió seguir hasta Bucarest, sabiendo que llegarían ya de madrugada, pero nosotros (acompañados por Blon que se nos había unido) y los Tragamillas decidimos buscar un hotel en la zona. Después de todo algunos apenas habíamos dormido.

Utilizando el ordenador con interner que nos facilitó la organización (con los amables patrocinios de HP y Vodafone) buscamos un hotel con dos habitaciones. Lo encontramos pronto en un pueblo costero a 22 km. La sorpresa nos la llevamos al llegar a dicho sitio pues no tenían la reserva, ya que eran más de las 22:30 cuando la hicimos, y no tenían ninguna habitación o apartamento libre. Mientras solucionábamos el conflicto, nos sentamos a cenar en el chiringuito y pronto hicimos migas con un matrimonio irlandés que llevaba ya un rato de fiesta.

Al enterarse de que no teníamos donde dormir, la señora con la afición al vino nos dijo que nos podía facilitar unas colchonetas y que podíamos dormir en las tumbonas de la piscina. Al principio dicha amable invitación nos pareció un poco graciosa y desaconsejable, pero pronto nos convencimos de que no teníamos muchas opciones y que de todos modos sólo íbamos a dormir un par de horas.

En fin, que aceptamos la invitación. Pero no nos fuimos a la cama pronto. Resulta que la cena tenía show, ya que los irlandeses y otros que andaban por ahí se divertían dándole al karaoke. Mención especial a Maura, nuestra amiga, que nos deleitó con una versión extremadamente apasionada (arrollidada en el suelo incluída) de una canción de Meatloaf. Como agradecimiento, nosotros decidimos coger el micrófono y lucirnos con nuestras versiones de U2, The Police y ABBA. Hay videos pero no los tengo yo. Los subiré cuando me los envíen…